Otra vez la vida real le gana a la Ley Federal del Trabajo
Dr. Rodolfo Hernández García
Juez de Distrito Especializado en Materia de Trabajo
Primeramente, el titular de la Secretaría de Educación Pública confirmó que el ciclo escolar 2025-2026 terminará el 5 de junio. Después, la titular del Poder Ejecutivo Federal declaró que no hay un calendario definido.
Sin embargo, la razón oficial es alinear el calendario con el Mundial de Futbol que inicia en México el 11 de junio y con las altas temperaturas.
En términos prácticos, hay 20 días hábiles sin clases que no existen en el calendario original. Luego, para millones de madres y padres trabajadores, el anuncio no es deportivo, sino logístico.
Así, la Ley Federal del Trabajo contempla la figura del trabajador o trabajadora con responsabilidades familiares en varias ocasiones más allá de la licencia de maternidad y paternidad. Lo hace al prohibir la exclusión o discriminación en sus artículos 56 y 164, y al regular figuras como las personas trabajadoras del campo o en plataformas digitales.
La parte fina es: ¿Qué hacer cuando el Estado cierra las escuelas un mes antes por un evento deportivo o por calor extremo? Aquí entra el Convenio 156 de la OIT sobre Trabajadores con Responsabilidades Familiares, adoptado en 1981. Obliga a los Estados a que las políticas públicas permitan conciliar empleo y familia mediante horarios flexibles, licencias parentales y servicios de cuidado infantil.
México no lo ha ratificado en 45 años. Y esa omisión hoy ya rebasó a la ley.
Porque el Convenio 156 sí obligaría a implementar o negociar medidas temporales necesarias por estas circunstancias. Al no ratificarlo, el Estado Mexicano no reconoce como un problema público que trabajar y cuidar son actividades divergentes que chocan cuando se modifica el horario escolar sin red de apoyo.
En países que sí lo ratificaron —Argentina, Chile, España— un cierre anticipado de escuelas obliga a activar subsidios de cuidado, guarderías emergentes, servicios de asistencia familiar, horarios flexibles y licencias especiales.
La pelota está en la cancha del Estado. Y por ahora, va perdiendo por no presentarse a ratificar.


